Practicar la confianza en el progreso lento
Sobre seguir adelante cuando no hay resultados visibles pero la dirección es correcta.
- constancia
- actitud
- trabajo

Trabajando llega una etapa en la que no hay resultados visibles. Repites tareas parecidas cada día, las cifras no se mueven y parece que todo a tu alrededor cambia rápido. En esa etapa casi todos cambian de dirección o se detienen.
Mirando atrás, sin embargo, lo que dura en el tiempo se suele construir en ese tramo aburrido. La confianza con las personas, la comprensión de la obra y la acumulación de documentos no se hacen de la noche a la mañana. Se acumulaban un poco cada día incluso cuando no se ve nada.
El progreso es una escalera
El progreso no es una recta sino una escalera. Hay tramos larguísimos en los que parece que no subes y de pronto das un peldaño. El problema es que no puedes conocer la forma de la escalera de antemano. Por eso, para saber si estás subiendo, conviene mirar la dirección y no el resultado.
Comprobar la dirección es sencillo: pon los registros del mes pasado junto a los de este. Vistos por días no parece que haya cambiado nada; vistos por mes, las frases se han ido afinando. Por eso hace falta el registro. El registro es la única prueba que demuestra el progreso lento.
Esperar también es trabajar
Esperar no es tiempo pasivo. Seguir adelante manteniendo la dirección consume más energía de lo que parece. Cuando el entorno parece ir rápido, mantener tu propio ritmo también es un entrenamiento.
También en los días sin resultados rápidos queda registro. Y si esos registros se acumulan, un día serán el peldaño que te permita subir. Confiar en el progreso lento es, en el fondo, confiar en el registro.